20/4/11



No sólo beligerantes, sino, sobre todo, revolucionarios


Samuel Trigueros




Las alarmas en las filas de la resistencia popular se han disparado a raíz de los recientes acontecimientos de Cartagena de Indias, dónde se han consumado los primeros pasos “diplomáticos” de una “vuelta a la normalidad” catracha, en la cual han participado Juan Manuel Santos (Presidente ultraderechista de Colombia), Hugo Chávez Frías (Presidente de la república bolivariana de Venezuela), Porfirio Lobo Sosa (dictadorzuelo a las órdenes de la oligarquía criolla y del imperio), José Manuel Zelaya Rosales (ex presidente hondureño derrocado mediante golpe de Estado). El encuentro en Caracas del coordinador y subcoordinador del FNRP con Hugo Chávez y algunos exiliados (particularmente inscritos en el Partido Liberal) parece apuntar a una reafirmación de los avances de la negociación de Cartagena de Indias para lograr el reintegro de Honduras a la OEA, a cambio de ciertas dádivas que el imperio y los grupos oligárquicos hondureños estarían dispuestos a “sacrificar” y tirar a la resistencia desde las opulentas mesas de sus banquetes, después de hacer sus propias sumas y restas para concluir que el trueque planteado resulta un excelente negocio para los planes estratégicos del capitalismo en América Latina. Definitivamente, “Honduras is open for the business”.


Muchos analistas políticos del FNRP ponderan permanentemente como acciones “positivas” para la lucha de la resistencia la totalidad absoluta de acciones de la dirigencia, rodeándola de conceptos como “dialéctica”, “correlación de fuerzas”, “confianza”, soslayando de esa manera los yerros que se han cometido durante varios momentos de este proceso, en tanto han significado emprender tristes espectáculos mediáticos, estancar la lucha, aplacar la insurrección popular, desviar el mandato de la masa y aceptar el juego político de los grupos de poder hondureños que se mueven al compás de la embajada gringa. Quienes opinan de modo contrario, ejerciendo el derecho a la necesaria crítica y, sobre todo, a pensar por sí mismos y no con cabeza prestada, se enfrentan al fundamentalismo mítico-religioso cuya aureola colonialista sobredora la imagen de ciertos dirigentes -que cuentan con su correspondiente séquito encargado de bajar línea a toda la estructura- e inmediatamente son lapidados en los espacios de conducción y debate.


Aunque, como bien lo señala Luis Méndez, sabido es que “…en temas estratégicos hay cosas que no se escriben, no se dicen abiertamente pero se hacen”, salta a la vista el constante irrespeto que la conducción del FNRP hace contra la masa resistente, al tomar decisiones que, de no estar en abierta contradicción con los acuerdos alcanzados en asamblea, no serían más que una ejecutoria sana de esos mandatos. Poco a poco nos van convirtiendo la liebre en gato, la revolución en reforma, la huelga general en paro cívico, la refundación de la patria en refundición con la estructura cancerosa, la resistencia en reconciliación y así, hasta la confortable disipación de todo exceso de la chusma, según el pensamiento oligárquico y, probablemente, de algunos reformistas que comienzan a enquistarse y “perfumar” el interior del FNRP.


No es un asunto sólo de lenguaje, sino “de lenguaje y sus implicaciones”, en un proceso real en el que algunas fuerzas internas amenazan con transmutarse en aquello contra lo cual nacieron. Ahora resulta que la resistencia anda, en boca de sus coordinadores, buscando que la estructura oligárquica la “reconozca” como una “fuerza beligerante”, varios grados abajo de “fuerza revolucionaria”. Beligerantes son también los “blanquitos”, que durante meses se presentaron en defensa de su clase, hasta el actual repliegue al que han procedido al entender mal la buena jugada para sus propósitos que ha hecho Lobo en el tablero de las negociaciones. Magro reconocimiento sería recibir la venia de semejante Tribunal Supremo Electoral y demás instancias estatales usurpadas, primero mediante el uso de las armas y luego por el de las urnas en un proceso electoral diseñado y ejecutado como primer paso para blanquear el golpe. ¿Dónde quedan, entonces, los acuerdos de la Asamblea Nacional del 26 de febrero? ¿Dónde quedan los compañeros y compañeras que han ofrendado sus vidas por la construcción de una patria socialista que ahora nos quieren canjear por cualquier cosa? ¿Dónde queda el reclamo de justicia por la inocente sangre derramada, por la represión sistemática, por la ruptura del orden constitucional, por el sacrificio silencioso de miles de resistentes sometidos a calamidad doméstica por no vender la lucha, por la destrucción de las estructuras sociales que tanto había costado levantar, por la expoliación de nuestros recursos naturales, por la invasión militar norteamericana operada en los cuatro puntos cardinales de Honduras, por las relaciones rotas en el seno de las familias divididas por el golpe de Estado y por tantos otros “costos” que la resistencia ha asumido como parte de una lucha que la dirigencia del FNRP debe respetar como algo sagrado con lo cual no debe transar?


Hasta el momento, en un acto de alta disciplina, la masa resistente ha respetado y corroborado la permanencia en sus cargos de gran parte de la conducción del Frente; pero esta no debe confundir la disciplina con falta de criterio o conocimiento de qué es lo que se busca con la lucha emprendida. La insurrección barrial, la lucha campesina, la valentía de la diversidad sexual, la insobornable presencia feminista, la inquebrantable barricada estudiantil, el constante aporte del sector cultural, la resistencia indígena y negra, etc., ha demostrado en muchos momentos superar las agallas de la dirigencia, que con su participación fallida en momentos coyunturales como el Acuerdo San José-Tegucigalpa, el Acuerdo Guaymuras y ahora en nuevos capítulos de ese coqueteo con la estructura enemiga, ha desperdiciado voluntad y acción dispuestas para darle vuelta revolucionariamente a la estructura que nos oprime. Hemos estado dispuestos a morir por esta lucha y hemos asumido, también, que la crisis económica que genera para el régimen mantener su posición de reprimir al pueblo, de no garantizar el retorno seguro e incondicional de los exiliados, de no castigar a los culpables también nos golpea a nosotros; pero ya pocos en esas alturas hablan de profundizar la crisis para crear ingobernabilidad y desgastar y botar al régimen. Nos han robado hasta el lenguaje de lucha y nos lo han cambiado por uno donde “las buenas costumbres” moderan la reacción popular y satisfacen a vuesa merced oligárquica.


El espacio temporal en que ocurren los acontecimientos de Cartagena de Indias y de Caracas no es, de ninguna manera, fortuito. Al más puro y descarado estilo de la casta política que por décadas ha manipulado los hilos de la vida nacional, las negociaciones para “reconciliarnos”, darnos besitos en la nuca y abrazarnos “como en familia” con los golpistas ocurre precisamente en vísperas de la rendición de informe de la Comisión de la verdad blanquita y de la Asamblea de la OEA, todo bajo el signo de la cruz de ceniza de Semana Santa, que por la fuerza de costumbre apuesta a que nos enrabiemos, protestemos y, finalmente, olvidemos.


Lo cierto es que poco a poco nos vamos hartando de estos manipuleos, de esa arrogancia con que nuestros dirigentes y sus cajitas de resonancia se erigen como preclaras cabezas que no necesitan consultar al soberano para decidir y ejecutar hasta lo que les está prohibido, en virtud de la lucha que libramos ¿Acaso hay un solo, una sola, resistente que no merece ser consultado por la dirigencia del FNRP? ¡Cuánto se parece eso a las razones históricamente acumuladas que nos levantaron en insurrección y nos mantienen enfrentados contra la oligarquía y el capitalismo!


¿Se espera que rectifiquen su proceder? Sí, claro que sí. Caso contrario, estarán alimentando la posibilidad de que la resistencia, como masa organizada, más temprano que tarde, rebase la actual conducción y elija a quienes en verdad representen su interés revolucionario, aún contra el fundamentalismo mítico–religioso en el cual muchos confían para elegirse por aclamación como líderes de la resistencia. La rectificación comienza con una rendición de cuentas transparente y con el respeto a los procedimientos y estructuras organizadas al interior del Frente. No se trata, como algunos han propuesto, de simple parricidio ideológico, sino de exigir a quienes nos representan (viejos o jóvenes) coherencia entre discurso y acción, visión revolucionaria, respeto a los mártires y a quienes sustentamos con nuestras vidas la lucha popular; se trata de que mantengan en su mente la cuarta urna y de que la pongan a disposición nuestra permanentemente en los temas fundamentales de la lucha; se trata de que no permitiremos que nos adulteren el sueño de una patria socialista.


Por lo demás, larga vida a nuestros líderes; unidad y lucha permanentes, hasta la victoria siempre.




Tegucigolpe, 18 de abril de 2011.



Samuel Trigueros
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" ...muerta la injusticia
se acaba la necesidad "

(del libro: Antes de la explosión)
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